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Malasia, escenario
para la unidad y la revitalización del MNOAL
NIDIA DÍAZ
(Tomado del Periódico Granma)
Cualquier observador
podría darse cuenta de que realidades y conceptos como el de la
soberanía, la independencia, la autodeterminación y aun hasta la
existencia misma de la especie humana están amenazados hoy por la
voluntad unilateral y unipolar del gobierno de los Estados Unidos, a
cuyos designios pocos se oponen y el cual se resiste de manera
creciente a respetar las normas del derecho internacional,
consagradas en la Carta de las Naciones Unidas.
Para corroborar esta
afirmación bastaría solo seguir las más recientes reuniones del
Consejo de Seguridad en las que se discute la, a todas luces,
irrevocable decisión de Washington de agredir a Iraq y donde
algunos como Alemania y Francia, muestran reticencia para aprobar
una acción unilateral por parte de la Casa Blanca, al tiempo que
exigen pruebas que justifiquen que el camino de la guerra es el único
posible.
De nada sirve que tales
aliados se muestren contrarios a la agresión, pues la conducta
norteamericana responde a los nuevos conceptos de defensa estratégica
de la administración Bush y se insertan en la imposición del uso
de la fuerza en las relaciones internacionales, más alla de su
espacio geográfico de acción.
Estos pasos acelerados
hacia una guerra anunciada tienen sus causas en el control de una
zona estratégica para los intereses hegemónicos yankis buscando
apoderarse de las reservas petroleras iraquíes.
Ello constituye hoy, vísperas
de la XIII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, un llamado
de advertencia para este inmenso grupo de naciones que han estado y
estarán en el colimador del imperio, cuyas aspiraciones no siempre
ocultas, son las de poseerlas y convertirlas en su más preciada y
barata despensa.
Junto a la guerra contra
Iraq hoy y ayer contra Afganistán y la imposición del Plan
Colombia, en el hemisferio occidental, el gobierno de George W. Bush,
heredero de lo más espúreo y agresivo de la ideología de la
ultraderecha norteamericana, atenta contra la integridad y la
soberanía de la inmensa mayoría de las naciones del mundo,
precisamente de aquellas, sobre todo, que un día previeron con
lucidez y valentía, fundar el Movimiento de Países No Alineados
para cerrar filas a los apetitos geopolíticos de las grandes
potencias.
No es solo el tema de la
agresión o la guerra, camuflado a veces tras las llamadas
"ayudas humanitarias" o en la imposición de las eufemísticamente
llamadas "soberanías limitadas" y "cultura de
protección" lo que se advierte en las relaciones
internacionales; es, además, el peligro igualmente depredador que
avanza de la mano de la globalización, proceso que está acompañado
de una filosofía neoliberal y que pretende extender más alla de la
geografía universal, el pensamiento único, el modelo político único,
la ideología única.
Es la globalización,
entendida en la limitación de la soberanía, la independencia, el
desarrollo económico y social del Tercer Mundo, en la inequidad, el
control de las patentes y la rapiña en sustitución de la cooperación.
Es la globalización como medio de destruir las bases económicas de
las naciones en desarrollo y multiplicar sus deudas para que sobre
ellas caigan los garroteros del nuevo milenio y se adueñen hasta de
sus sueños.
En este contexto donde
merodean los buitres del Norte, es que tendrá lugar en Kuala
Lumpur, Malasia, del 20 al 25 de este mes la reunión cimera del
Movimiento de Países No Alineados, cuya responsabilidad mayor deberá
estar dirigida a fortalecer los esfuerzos de los países del Sur
para potenciar su unión, su solidaridad y su cohesión con el
objetivo de incidir con eficacia en los acontecimientos
internacionales.
Cierto es que para
lograrlo, el Movimiento deberá poner a un lado las prioridades de
cada uno de sus Estados miembros y la confrontación regional o
nacional, a veces histórica entre ellos. Asimismo, tendrá que
reafirmar los principios fundacionales, por cuanto todos y cada uno
de ellos mantienen plena vigencia y son violados continuamente en
las relaciones internacionales actuales y junto a las importantes
metas de desarrollo, desarme internacional y cooperación aún
pendientes de lograr, constituyen en última instancia, la única
garantía de su supervivencia y revitalización.
Deberá activar su papel
en las relaciones internacionales y en la defensa de las naciones
miembros y adoptar pronunciamientos sustantivos e irrevocables en
temas tan cruciales como el mantenimiento de la paz y la seguridad
internacionales; el respeto a los principios del derecho
internacional y la necesidad de garantizar la asistencia oficial
para el desarrollo. Asimismo, deberá abordar desde la perspectiva
de desarrollo la cooperación internacional, la erradicación de la
pobreza, la cooperación Norte-Sur y Sur-Sur, cuestiones
relacionadas con la deuda externa, las finanzas y las inversiones.
Mientras, convertir la
indetenible globalización en un proceso justo, del cual se
beneficien de igual manera países desarrollados y países
subdesarrollados, tendrán que ser también algunas de sus
prioridades.
Sin duda alguna, el
Movimiento de Países No Alineados tendrá que retomar su papel de
mecanismo esencial de coordinación de posiciones y concertación de
estrategias comunes entre los países del Tercer Mundo, amenazados
como nunca antes por los peligros de siempre.
Para abrir los nuevos
caminos que necesita, el MNOAL ha encontrado en Malasia, un
escenario propicio para el apoyo a su preservación y
fortalecimiento sobre la base inequívoca de defender los principios
fundacionales que le dieron vida hace ya 42 años. |