Mujer
 

LAURA MARTÍNEZ, PRIMERA MÉDICA CUBANA


Por Olga Crespo Porbén

Hija de españoles radicados en La Habana en el siglo XIX, Laura Martínez de Carvajal y del Camino unió en sí cualidades difíciles de igualar: clara inteligencia, firme voluntad, delicada modestia y valor para enfrentar complejas situaciones.

A diferencia de la generalidad de las mujeres de su época, confinadas a las labores domésticas, la costura, el piano y al matrimonio como meta suprema, rompió las barreras de los prejuicios sociales y se convirtió en la primera cubana graduada de Medicina.

Contaba sólo 14 años cuando matriculó en la Universidad de La Habana la carrera que culminó con sobresalientes resultados el 15 de julio de 1889.

Atrás quedaba una etapa de intensos estudios y prácticas clínicas en el pestilente y hacinado hospital San Felipe y Santiago, ubicado en los altos de la cárcel de la ciudad, y donde demostró la firmeza de su empeño.

Una vez titulada laboró al lado de su esposo el doctor Enrique López Veitía, con quien trabajó en la selección de materiales para el libro Oftalmología Clínica y para la revista Archivo de la Policlínica (16 volúmenes), que circularon más de tres lustros.

Sus amplios conocimientos en música, artes plásticas y literatura la hacían conocedora del universo en que se desarrollaba.

Sentía, además, predilección por el estudio de la Botánica y practicaba el cultivo de yerbas y otros alimentos para el ganado, así como hacía injertos mediante los cuales obtuvo nuevas variedades de jazmines y rosas.

Leía con fluidez textos en inglés y francés y entre sus obras preferidas se encontraban las de Tolstoi y Máximo Gorki, autores-según se afirma-influyeron positivamente en su comportamiento personal.

Siete hijos tuvo de su feliz matrimonio, estrechamente unido por el ejercicio profesional, e interrumpido luego de 21 años por el fallecimiento del cónyuge.

Al superar las siete décadas de existencia, se le presentó un síntoma amargamente conocido por ella: la tos.

Antes la tuvo su compañero y también la padeció su hija María.
Aun cuando se mostró valiente frente a la por entonces terrible tuberculosis, ésta fue minando su organismo hasta provocarle la muerte el 24 de enero de 1941.

La fecunda vida de la doctora Martínez abrió nuevos caminos a sus compatriotas y hoy miles de sus colegas desempeñan la noble profesión médica tanto en Cuba como en diversos lugares del mundo. (AIN)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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