...Néstor Baguer Sánchez Galarraga

¿Esa empresa británica es la que garantiza los precios a la exportación?

Es una empresa de las más grandes del país. Logré que en lugar de cinco años, le dieran al gobierno cubano siete años de plazo para pagar. Me fui a Escocia, al astillero, pero me informaron que a Cuba no le podían vender absolutamente nada porque caerían en la lista negra. Le propusimos organizar una compañía radicada en Londres, con mi vecino inglés al frente y yo de secretario. Contestaron que así sí.

A la noche siguiente me encontré con el norteamericano. Se me presentó como agente de la CIA, me dio la mano y me dijo: "Tú ganaste, y yo perdí. Por eso lo respeto." Así vino la famosa draga para Cuba.

Por supuesto, cuando llegué lo informé a la Seguridad, a partir de ese momento —era el año 1969— comencé a colaborar. No dejé de hacerlo desde entonces.

¿Siguió vinculado al Comercio Exterior?

No, me trasladé para la la radioemisora COCO, como jefe de turno. Luego estuve en Radio Metropolitana. Cuando empiezo a trabajar en la defensa del idioma, me llamaron de Juventud Rebelde para que me encargara de hacer una columna, que titulé así mismo: "En defensa del Idioma." Luego estuve en Trabajadores, en Radio Habana Cuba y en Cadena Habana, con una vida muy activa en el periodismo, hasta que me declaré "disidente".

¿Por qué se declaró "disidente"?

La Seguridad me pidió que hiciera contacto con los mercenarios y me fui a ver a Elizardo Sánchez Santacruz, la puerta de entrada a ese mundo.

¿Cómo lo recibieron?

Llegué a su casa y cuando pregunté por él, la mujer me dijo: "¿Usted se refiere al Señor Presidente?" "Bueno", le dije, "Si es el Presidente de Cuba con más razón quiero hablarle. Dígale que Néstor Baguer está aquí."

Su Ministro de Información...

En ciernes, no te olvides... Pasé al salón mientras le avisaban al "Señor Presidente", me trajeron un vaso con whisky y unas aceitunas aliñadas. "¡Oye, qué bien se vive en Palacio, carajo!", pensé.

Era el año 1993...

La peor época del Período Especial, con una escasez tremenda. Llegó Elizarlo, me abrazó y me dijo: "¡Bienvenido! Aquí haces mucha falta porque mi cuñado, Yndamiro Restano, no sabe escribir y necesito un periodista de puntería para que se haga cargo de la dirección de la Prensa Independiente de Cuba." Acepté en el acto.

Así, sin más ni más...

Estaba desesperado. Me aconsejó irme primero a una beca a Costa Rica, a no sé qué instituto de Periodismo. "Te vas dos o tres 

meses, y te aseguramos todos los gastos." Le contesté: "Mira Elizardo, yo no puedo aceptar que, después de tantos años en la prensa cubana, me manden a Costa Rica a aprender. Costa Rica es una mierdita así...; conozco a ese país. Manda a otro." Eso hizo, y el hombre que fue se quedó después allá.

Me dijo entonces que primero me iba a conseguir quien me comprara los artículos. Me habló de una revista que se hacía en Puerto Rico, el Disidente, donde él tiene dinero invertido —Elizardo es socio de ese negocio—; luego, cuando teníamos más confianza, me pidió que si quería, fuera todos los días a leer la prensa y a conversar con él para orientarme.

¿Lo hizo?

No. Yo no iba a dejar que hicieran conmigo lo que hacían con otros infelices...

¿Qué cosa?

Que los usaban lo mismo para servir el café que para escribir a máquina.

Le dije a Elizardo que no podía estar yendo en guagua todos los días a su casa, que iba a hacer los artículos y que me dijera a quién mandárselos. Que luego me pagaran y todo el mundo en paz. ¿Sabe lo que me contestó? "Así no puede ser, porque tengo que tener todo bajo control." "Pues, Elizardo, yo creo que no podemos seguir trabajando."

Elizardo es un tipo astuto.

Sí. Él era profesor de Filosofía en la Universidad. Tiene un discurso que es el mismo desde hace 20 años. No lo varía. Es un verdadero lagarto, que públicamente dice que no acepta dinero de los norteamericanos, salvo si se lo mandan por Europa. Los que más le mandan dinero a él son los suecos, los franceses y los españoles. No le ha faltado nunca una buena provisión de monedas. Es una persona con un ego desenfrenado, que entra y sale del país cada vez que quiere. Es un caso muy raro.

Se "fajó" públicamente con los norteamericanos por problemas de financiamiento. Hay que oírlo a él y a sus socios hablar de eso. Eso es un carnaval, señores, con muñecotes y todo.

¿Perdió entonces el contacto con Elizardo?

No del todo, pero pude zafarme de sus redes porque ya tenía vínculos en Miami. Los otros "periodistas" me decían: "Oye, no seas bobo, allí vas a comer todo lo que tú quieras, y a tomar whisky."

¿De dónde provenían?

La embajada española, le mandaba todos los meses 100 dólares en víveres, y me consta, porque en una ocasión, estando yo en su casa, llegó el carro de esa sede diplomática que le traía la cuota del mes. La jaba incluía unas botellas de coñac y de buen vino español. Mes tras mes. No le ha faltado desde que se metió en la "disidencia". También recibe dinero de otros lugares.

Por ejemplo...

Del Partido Liberal de Suecia, que también estuvieron en mi casa. No recuerdo ahora el nombre, pero tengo las tarjetas de presentación de todos ellos.

Por cierto, tengo una anécdota muy buena sobre el Partido Liberal. Resulta que Osvaldo Alfonso, el mismo que está preso, un día me fue a ver para que ingresara al Partido Liberal. Le pregunté: "Dime una cosa: ¿ustedes son del Partido Liberal Cubano? ¿Del mismo de las tradiciones?" "Sí, sí, claro...", me dijo. "Coño, ¿del de Machado y de todos sus asesinos?" "No, no, espérate —me contestó. Nosotros tendremos que hacer una aclaración: Machado fue un error del partido." Me reí: "No jodas, chico; no me hagas cuento. Mira, si tú eres del Partido Liberal, yo pertenezco al Partido Conservador. Así que arranca..."

¿Cuándo fundó usted la Agencia de "Periodistas Independientes" de Cuba (APIC)?

Con Elizardo. Me llegaron las felicitaciones de Miami, las muestras de amor y cariño. Me consideraban el mejor de los patriotas; Reporteros sin Fronteras me alababa por todas partes y me mandaba dinero. Aquello era tremendo. En cuanto se supo que yo estaba a cargo de la agencia y que daba dinero, empezaron los 

"periodistas" a caerme en la casa como hormigas. ¿Tú sabes, yo no conocía que en Cuba había tantos periodistas solapados en los oficios y profesiones más inverosímiles? Tenía un corresponsal que era trabajador de los ferrocarriles en Cienfuegos y toda su vida lo único que había hecho era darle con una mandarria a la línea del tren. Ese está preso.

¿Pero sabían redactar seguramente, porque no pocos periódicos y páginas en Internet publicaban sus notas?

Si hablando tenían faltas de "ortografía"; dime tú escribiendo. Para mí fue un sufrimiento terrible tener que arreglar algunos de aquellos bodrios.

¿Por qué iban entonces a una agencia que supuestamente era de periodistas serios?

Había dos grandes atractivos.

Primero, la visa que les daban inmediatamente. Bastaba con un mes que estuviera la gente escribiendo ahí y se iba para Estados Unidos en el primer avión. Se ahorraban la cola, los disgustos y la humillación en la Sección de Intereses.

Segundo, el pago. De 20 a 40 dólares al mes, solo por inflar globos. Llegó un momento en que pasaban tantos que no podía llevar aquello. En eso, Raúl Rivero decidió separarse de la APIC y fundar su propia Agencia.

¿Cómo era su relación con Rivero?

Muy buena. Raúl Rivero me dolía. Era el único periodista de verdad que conocía en aquel mundo, un hombre que había tenido prestigio, por su poesía, porque había luchado en Girón. Un hombre a quien la Revolución le salvó la vida.

¿En qué sentido?

Yo era el amigo más cercano que tenía y nos conocíamos bien. Era alcohólico y sufrió mucho. Todo el mundo le dio la espalda, no tenía dinero, se le cayó la casa. Llegó a tener serios problemas de salud, y la Revolución lo metió en un hospital. Mejoró al extremo de que ya no tomaba.

¿Y qué pasó con él?

Lo compraron. Raúl Rivero tiene miles de dólares en Estados Unidos gracias a los premios que ha ganado. Todos los cabecillas también tienen dinero fuera de Cuba, porque querían tenerlo seguro, lejos de las ambiciones de los otros y de que el gobierno se los interviniera, por las razones que ya se saben. Hasta un niño se puede dar cuenta que la vida de disidente en Cuba es tremendo negocio.

¿Cómo recibía usted el dinero?

Por Transcard. Me negué a recibir nada de esos mensajeros que continuamente llegaban de Miami o de otros lugares. Por eso fui el que menos dinero y regalos obtuvo.

¿Por qué?

Mis crónicas disidentes no eran iguales a las otras. Siempre escribía con respeto. Por ejemplo, yo me refería al Comandante diciendo: "el Presidente de Cuba, señor Fidel Castro", mientras que otros lo llamaban "el dictador y esto y lo otro".

Hasta a los norteamericanos les llamó la atención: "Señor Baguer, usted no odia a Fidel Castro", y yo les contestaba: "No tengo por qué odiarlo."

¿Quién de los norteamericanos le dijo eso?

El que atendía prensa y cultura en esa época, el gordo Gene Bigler. Se hizo muy amigo mío. Cuando se fue, Bigler me escribió desde Roma, asegurándome que cualquier cosa que necesitara se la pidiera a él enseguida.

¿Qué le contestó a Bigler, cuando le llamó la atención sobre sus textos?

Que yo era miembro de la Real Academia de la Lengua y que no podía escribir insultos. No estaba dispuesto a que me botaran de allí.

Un "independiente" me sacó en cara que jamás le decía "gendarme" a los policías. ¡Qué bestia! "Mira, viejo, gendarmes hay en Francia; aquí se dice policía", y así lo ponía yo.

¿Qué noticias enviaban sus corresponsales a la APIC?

Si no me lo hubiera tomado tan a pecho, creo que me hubiera divertido más. Recuerdo, por ejemplo, que un día llamó por teléfono uno para dictarme una supuesta noticia, muy urgente. El hombre escribió algo así: "En Manzanillo hay 10 000 personas en una esquina que protestan porque están desalojando a una familia." Me acuerdo que le grité: "Oye, espérate un momento, ¿en qué esquina de Manzanillo o de cualquier otro lugar caben 10 000 personas juntas?... Y, además, dime, ¿por qué lo están haciendo?" Y me contesta: "Es que una familia quería vivir en Manzanillo y la otra en Bayamo, y empezaron a mudar los muebles de un lugar a otro, sin papeles ni nada." "Por favor, señor mío, en qué lugar del mundo, sin papeles, usted puede hacer trámites legales. Mira, discúlpame, pero trae otra noticia." Eso era así todos los días.

 

 

Atrás                                          Siguiente

1  2 3 4 Home