El Decano está escribiendo un libro. Nos pide que agilicemos la entrevista, porque va por la página 50 y él ya no tiene demasiado tiempo que regalar. En agosto cumplirá 82 años y quiere contar por sí mismo todo lo que vivió dentro del mundo de la "disidencia política" cubana, que conoció como la palma de su mano y de la cual puede dar fe con un abrumador anecdotario.

Néstor Baguer Sánchez Galarraga, tal vez el más veterano de los agentes activos de la Seguridad del Estado, no quiere prólogos en una conversación donde las horas vuelan. De modo que ahí va, sin mucho preámbulo.

 

AGENTE OCTAVIO

¿Por qué escogió el nombre de Octavio?

Por Octavio Sánchez Galarraga, un tío mío que hubiera soñado con hacer este tipo de trabajo.

¿Qué hizo su tío?

Octavio Sánchez Galarraga era abogado, defensor de gente humilde. El otro Sánchez Galarraga conocido fue mi tío Gustavo, poeta y periodista, uno de los pocos que se enfrentó a la dictadura de Machado. Bateó un discurso en el Vedado Tennis (Círculo Social "José Antonio Echevarría"), en contra de Machado un 31 de diciembre y el dictador llamó a mi tía María, la madre de los Galarraga: "Oye, mira a ver qué hace usted con ese muchacho, que Crespo —el sicario— lo quiere coger y yo no puedo protegerlo siempre."

Hay una cosa interesante. La familia Sánchez Galarraga es de origen vasco y llegó a Cuba en 1940. Por eso hemos conservado la chapela, como la que tengo puesta.

Luis Ortega y Max Lesnik, dos periodistas cubano-americanos radicados en Miami, eran muy amigos de su padre y nos contaron que la última vez que lo vieron fue en México.

Sí, mi padre se exilió porque a su segunda mujer —mi madre se había divorciado de él cuando yo tenía 2 años— le dio un ataque de histeria y decidió irse de Cuba. Mi padre la siguió y con él emigró mi hermano.

Su padre también era periodista...

Tenía una columna en El Crisol, que era un periódico que salía al mediodía. La redacción estaba en Manrique y Virtudes, en Centro Habana. Él escribía sobre espectáculos. Se llamaba Francois Baguer.

¿Cuándo comenzó usted en el periodismo?

Escribí mi primer artículo a los 14 años. Varios estudiantes fundamos la revista Siboney. Por supuesto, me encargué de la sección de espectáculos.

Dijo en la entrevista que le hizo el Fiscal, antes del juicio y que fue transmitida por la televisión, que usted le debe ser antimperialista a su familia...

Si hay alguien que me enseñó a ser así fue mi padre. Se fajaba con mi tío Gustavo Sánchez Galarraga, que se dedicaba a la crónica social. En los días de la República Española, Gustavo decía que si a él le iban a dar patadas, que se las dieran con botas de 50 dólares. Mi padre le respondía que él las prefería con alpargata, que dolían menos.

Mi padre fue el primer cronista cubano condecorado con una orden cultural de la Unión Soviética.

¿Antes del triunfo de la Revolución?

Sí. Cuando vinieron las primeras películas soviéticas, mi padre escribió crónicas magníficas. Cuando todo el mundo decía que eran una basura, él afirmaba que eran obras de arte y que debían apreciarse. La embajada le dio una medalla por la cultura.

¿Qué ocurrió con su papá?

Imagínate: aquel hombre, a su edad, para poder sobrevivir tuvo que trabajar de reportero en el aeropuerto de Ciudad de México. Iba a las tres o las cuatro de la mañana a recibir a la gente. Sin embargo, había sido en Cuba un reconocidísimo profesional, maestro de periodistas. Le escribí, mi hermano me devolvió la carta sellada, así que mi padre nunca supo lo que le decía. Murió en 1986 y me enteré un año después.

No tenía necesidad de irse de Cuba. Tenía dos retiros, uno como oficial de la marina y otro como periodista. Él vivía solo con la mujer. Nos tenía a nosotros dos que lo ayudábamos, y eso le hubiera alcanzado para vivir perfectamente, pero la ambición de aquella mujer era una cosa terrible.

¿Qué hizo al triunfar la Revolución?

Vivía en el reparto Mulgoba, en Santiago de las Vegas, que entonces era un reparto de gente rica. Me encargaron que organizara los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). En eso se produjo la invasión por Playa Girón, y cuando me presento en la unidad de Milicias, el que estaba al frente me dijo que me necesitaba más aquí, que me quedara a hacer labor política, a fundar más CDR y ayudar en todo lo que fuera necesario. Como en el Aeropuerto "José Martí" hacía falta alguien de confianza, me pusieron a trabajar en ese lugar, a cuidarlo como miliciano.

Después pasé a Comercio Exterior, donde hacía falta un periodista. El Ministerio tenía un boletín diario que publicaba los precios, análisis económicos, planificaciones.

¿Usted es graduado de periodismo?

Sí. Cuando empecé en el periodismo no existía la escuela. Trabajaba en El Crisol y escribía. Esa fue mi escuela. Después se abre la "Márquez Sterling", y mi padre fue profesor de allí, pero ya yo había olido el plomo y no había quien me sacara de al lado de la rotativa. Lo mío era escribir.

Cuando triunfó la Revolución, me llamó Elio Constantín, un extraordinario reportero deportivo y el secretario de la comisión que se creó para validar los títulos de los periodistas. Él me preguntó si quería pasar la escuela o prefería examinarme. Le dije que me hiciera un examen completo. Sin compasión. Al otro día lo hice y me dieron el título.

Sin embargo, en un despacho de Reuters que reprodujo el New York Times el pasado 10 de abril, lo llaman "supuesto" periodista. "Alleged journalist Nestor Baguer", decía exactamente…

¡Qué extraño! Cuando era un "disidente" la prensa norteamericana jamás me llamó "supuesto" periodista, ni "supuesto disidente"... A nadie se le hubiera ocurrido... Les voy a dar a ustedes una copia de mi título, para que la publiquen en el libro y se acaben las dudas.

¿Cuándo se vincula a la Seguridad del Estado?

Desde el momento en que comencé a trabajar en Comercio Exterior.

¿Cómo fue?

Era una institución muy codiciada por el enemigo, como podrán imaginarse. Había hecho varios trabajos sobre productos cubanos. Por ejemplo, un estudio para organizar la exportación de miel de abeja de Cuba. Estudié los mercados, el costo. En Cuba se puede producir miel el año entero, la miel más fina que se pueda conseguir en el mundo está aquí.

Entusiasmado con la miel de abeja, un buen día se habla de la necesidad de dragar la Bahía de Cienfuegos y la de La Habana, y había que comprar el equipo necesario. No era fácil adquirirlo, pues Estados Unidos había declarado el bloqueo contra Cuba. Pero yo tenía un vecino inglés que facilitó la compra.

 

Armando Pérez Roura

Es natural de Ceiba Mocha, Matanzas, y reside en Miami. Fue locutor del Palacio Presidencial desde el gobierno de Prío, y mantuvo el mismo empleo durante la tiranía de Batista. Además, trabajó como locutor en Radio Reloj Nacional.

En esta misma época fue Decano del Colegio de Locutores hasta 1961.

En 1969 se asiló y fijó su residencia en Estados Unidos.

Fue miembro de las organizaciones contrarrevolucionarias de filiación terrorista Alpha 66 y corresponsal del CORU. Además se encontraba entre los principales directivos de la emisora WRYZ, Radio Centro, comprada por la CIA para trasmitir contra Cuba.

En varias ocasiones viajó a Venezuela para entrevistar a los terroristas Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles, quienes se encontraban presos por su participación en la voladura del avión de Cubana en Barbados, en 1976. Se vinculó al primer plan de evasión de Posada de la prisión en 1982.

Poseía relaciones con el tirano Anastasio Somoza.

En 1984 se vinculó a la organización contrarrevolucionaria Movimiento Libertador Cubano.

Actualmente es el director general de la emisora Radio Mambí en Miami, acusada de utilizar dinero "lavado", debido a la participación del hijo de Pérez Roura en tráfico de drogas. Su hijo fue detenido a principios de la década del 80 cuando trataba de introducir un cargamento millonario de cocaína en la Florida.

Preside la organización terrorista Unidad Cubana, muy vinculada al Consejo por la Libertad de Cuba, formado por algunos de los terroristas que integraban el ala paramilitar de la FNCA.

¿Quién era?

El gerente en Cuba de la Lloyds, de Londres. Era un inglés muy británico. Todas las tardes, cuando yo llegaba del trabajo, me decía: "Baguer, su whisky." Era un ritual implacable. No podía ser a las 5:15, ni a las 4:45. Tenía que ser a las 5:00 en punto.

Cuando me oyó decir que hacía falta una draga, y que Holanda y Japón se habían negado a vendérnosla debido a las presiones de los norteamericanos, me propuso comprarla en Inglaterra.

"En Escocia se fabrica ese tipo de draga", y me dio una tarjeta y hasta me pagó el pasaje. Me pidió una comisión por su diligencia. Y así fue.

Arranqué para Londres con un compañero que era de la Seguridad. Cuando llegamos, nos encontramos que en el mismo hotel había un señor muy cariñoso. Se sentó a mi lado. En la cantina del bar se acostumbraba a presentar a los habituales, como me sentaba en el mismo sitio y él también siempre escogía la misma banqueta, nos presentaron.

Aquel hombre era un norteamericano, que sin muchos preámbulos empezó a preguntarme por mis negocios. Me llamó la atención su persistencia, y empecé a indagar. Me enteré de que él había ido, justo porque yo estaba.

 

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