El plan
únicamente lo conocían Fidel Castro, Abel Santamaría y Renato Guitart. Sólo en
víspera de la Santa Ana, próximo a medianoche, cuando los combatientes estuvieron
reunidos, armados y uniformados, se les dieron a conocer los pormenores de los asaltos
simultáneos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes,
de Bayamo.
Fidel con el grueso de la tropa, trataría de apoderarse
del puesto de mando del Moncada. Previamente, Ramiro Valdés y un grupo de hombres
en el auto de avanzada, se encargarían de aniquilar las postas de la garita número tres
y de bajar las cadenas, para permitir el paso de los vehículos con los otros asaltantes
al interior del cuartel.
Abel, con 22 participantes, debía tomar el contiguo
Hospital Civil Saturnino Lora y un tercer grupo, con seis integrantes y bajo la dirección
de Raúl Castro, tenía como objetivo dominar el Palacio de Justicia.
Este era el plan ideado en el mayor secreto para
"la toma del cielo por asalto" aquel 26 de Julio de 1953, en el que mas de un
centenar de jóvenes se propuso conquistar la dignidad para todos los cubanos. Y lo
lograron. Ese día dejo de ser uno mas, para trocarse símbolo de rebeldía nacional
Cuba es un país prolijo en fechas significativas dentro
de su ejemplar historia. No podía ser menos en una Isla siempre beligerante contra todo
tipo de dominación y patria de hombres valientes, capaces de mente y esfuerzo, que con
sus empeños se encargaron de sumar efemérides relevantes al almanaque histórico, en
revolucionaria continuidad.
Martí dijo: las etapas de los pueblos no se cuentan por
sus épocas de sometimiento infructuoso, sino por sus ráfagas de rebelión.
El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes, el
Padre de la Patria, marcó el derrotero libertario cubano alzándose con sus esclavos
recién liberados por el, y otros conspiradores independentistas, después de casi cuatro
siglos de vasallaje colonial.
Desde entonces el grito fue de Independencia o Muerte.
Fue el inicio.
Diez años después, cuando la revolución languidecía
y estaban a punto de abortarse los ideales independentistas y antiesclavistas gestados, el
19 de mayo de 1878 Antonio Maceo se negó a aceptar el bochorno del Zanjón,
protagonizando su histórica Protesta de Baraguá. ¿Cómo podía haber paz sin
independencia?. Fue la intransigencia revolucionaria y patriótica.
La Guerra Necesaria estallo el 24 de febrero de 1895,
luego de mas de 15 años de tregua. La gesta preparada por José Martí estaba diseñada
para ser el apocalipsis del colonialismo en Cuba. El grito de Baire, esta vez, extendió
la llama libertaria de Oriente a Occidente. Fue la continuidad.
Pero...trunca quedó la Revolución otra vez, no por
responsabilidad de los cubanos de la manigua que ya tenían ganada la guerra a España.
En 1898, cuando la Metrópoli gastaba ya sus últimos
hombres y sus últimas pesetas, Estados Unidos alevosamente y con torvos propósitos
anexionistas, sabiendo vencedores a los mambises, se involucró en la guerra.
Cuba dejó de ser colonia para ganar el nada honroso
status de neocolonia.
La seudo república fue una larga etapa de sombras, de
las que al decir de Martí no cuentan en la vida de los pueblos. Ese período de mas de 50
años está marcado con la sangre de miles de jóvenes.
Después del zarpazo del 10 de marzo del 52, la hora
cero estaba por llegar. El reloj echó a andar.
El 26 de julio de 1953 fue el hasta aquí
de toda una
nación maltratada, en heroica acción protagonizada por 105 jóvenes, entre ellos dos
mujeres, comandados por Fidel.
La fecha fue el inicio de la nueva y definitiva era
revolucionaria cubana, el renovado empuje de un pueblo sacudido por el acontecimiento, en
el que la generación del centenario cerró filas alrededor de aquella figura que en su
alegato de defensa "La Historia me Absolverá", denunció los males endémicos
del país.
Activado quedó el reloj que contaría las horas al
régimen.
La acción fracasó militarmente, pero desde aquel día
se hizo evidente que el tiro de gracia a la depauperación social que vivía la Isla solo
saldría de la lucha, con el pueblo sobre las armas para tomar el poder y defenderlo.
Con los disparos a la fortaleza militar, el tirano
tembló, la cúpula castrense se asustó, y como toda fiera sorprendida pasó del
sobresalto a la persecución descarnada. Los días que siguieron fueron de tortura y
asesinato, la intención era cobrar 10 vidas por cada uno de los militares muertos.
A pesar de la represión, la gente se lanzó a las
calles a defender a los asaltantes. A riesgo de sus propias vidas los habitantes de
Santiago protegieron a algunos de los evadidos del ataque. Fidel fue capturado en las
montañas, camino a La Gran Piedra, donde habían acordado reunirse para reanudar la
lucha.
Además de motivar la lucha y definir un líder, el
asalto al cuartel de la tiranía sirvió para vertebrar los métodos y clarificar los
objetivos de la nueva ola revolucionaria.
No en balde eran las montañas de la Sierra Maestra el
punto de reunión previsto en caso de fracaso, como no era fortuita la idea de armar al
pueblo de la ciudad indómita, después de la toma de la fortaleza militar.