George W. Bush
A la carga el guerrero apocalíptico y petrolero
Por Néstor Rius Martínez
Servicio Especial de la AIN
Es evidente que el presidente norteamericano George W. Bush no tomó parte en ninguna
contienda bélica: ni como soldado y mucho menos como víctima. De ahí la facilidad con
que puede ordenar en breve una agresión a Iraq o cualquier país del orbe.
Bush tan solo conoce a la dama de la guadaña en ristre por televisión. Quizás. Y el
encuentro más cercano que tuvo con ella fue cuando los sucesos del 11 de septiembre, los
cuales, eternamente condenables, incrementaron su petrolera paranoia de venganza.
Petrolera sí, porque aunque mujeres y hombres del mundo entero dependen hoy de su
decisión, la cual parece inminente, todos saben que los móviles esenciales de la
agresión son apropiarse de las riquezas naturales del Medio Oriente y su reelección
presidencial.
Mientras, otros se preguntan qué pasará con las NacionesUnidas a partir del inicio de la
guerra, pero eso no es ahora lo prioritario, pues a los Estados Unidos se le han permitido
hacer muchas cosas bajo el auspicio de la institución internacional.
Entre la incertidumbre, los sentimientos de rechazo o condena frente a lo que parece
inmediato, no olvidemos que esta guerra se fraguó todo el tiempo en contubernio con el
gobernante español, su homólogo inglés y los "aliados" de Estados Unidos en la región.
Sus especialistas militares vaticinan una operación rápida, "relámpago", de pocas
víctimas... -eso dicen-, que logrará "extirpar" a Saddan de Bagdad. Este es el supuesto motivo de la
contienda.
Pero solo para unos pocos. Allí, en los círculos de poder de la nación norteamericana,
la masacre está justificada. Y no se trata de xenofobia, odio al mundo árabe,
resentimiento, venganza u otros motivos por el estilo. Hay más. Muchísimo más:
petróleo de por medio y permanencia en el poder. Dos muy buenas razones.
Descubrir que los principales asesores del guerrero-presidente, el propio George W. y
Papá Bush son accionistas petroleros, y han estado envueltos, además, en más de un
escándalo financiero fraudulento, deja despejado el camino a las personas pensantes del
planeta.
Pues ver cómo se agotan las reservas del mineral en los Estados Unidos y sus fuentes es
un secreto gritado a voces, unido a su incapacidad real para controlar este vital mercado.
También sus aliados piensan en el reparto posterior del "pastel" que
significa Iraq, uno de los estados poseedores de gran parte de la reserva mundial del
codiciado mineral, hace público el matiz que se intenta ocultar en la dramática
situación: un nuevo reparto del planeta se avecina, como en siglos anteriores.
Lo más triste es que la humanidad no ha logrado ser lo suficientemente condenatoria
frente al nuevo gendarme mundial, el cual veta todas las iniciativas surgidas en el seno
del Consejo de Seguridad, y también por ello asume sus propias decisiones.
Ahora el enemigo es Iraq, pero el planeta ha de estar listo, sin dudas, para enfrentar los
designios del guerrero apocalíptico y petrolero que demuestra un gran interés en
cabalgar solo. (AIN)
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