Admirado y seguido constantemente por millones de
personas
en todo el orbe, asediado por la prensa y los cazadores de
talentos del profesionalismo, la estrella internacional del béisbol, el
cubano Omar Linares, desea sencillamente ser uno más entre sus
compatriotas, pero se lo impide una estela de hazañas deportivas que lo mantienen en la
cumbre de la fama, a la que nunca aspiró y por la cual, según afirma, paga un alto
precio.
Después de varias horas de intercambio con el
ídolo del béisbol amateur, en su provincia natal, Pinar del Río, comprendimos que
teníamos delante a un joven modesto, retraído, ajeno a la vanagloria, poco conversador y
muy firme en sus convicciones, y especialmente acorralado por el tiempo, que no le alcanza
para cumplir sus deberes como atleta, padre de familia y con la gigantesca popularidad de
que goza.
Constantemente consulta el reloj, se
impacienta, mira a su alrededor como pidiendo auxilio cuando trata de adivinar, mirando de
soslayo nuestras libretas de apuntes, cuántas preguntas más le haremos. Evidentemente no
disfruta las entrevistas periodísticas...
DE LA NIÑEZ Y
LAS NOSTALGIAS
Cuando Omar evoca su niñez lo hace de una forma íntima, con
mucho cariño...
Siempre recuerdo cuando yo jugaba béisbol en mi pueblo natal
(San Juan y Martínez), prácticamente descalzo... Era nuestro pasatiempo principal,
jugaba con mi hermano Juan Carlos. Estuve luego becado en una escuela deportiva, dedicado
el primer año al atletismo, en distancias cortas, y después quedé fijo en la pelota.
A mi hermano le sucedió lo mismo. Nuestros años infantiles están repartidos entre esas
dos especialidades.
¿Sientes nostalgia de esa etapa?
Sí, porque cuando voy a San Juan a ver a mi mamá, veo que
todo
ha cambiado mucho. Ya no es como antes, cuando el camino era arenoso y allí mismo
jugábamos. Hoy está asfaltado. Hay vecinos
que se han mudado, casas que no existen ya, y ahora no hay condiciones para jugar en aquel
terrenito frente a la escuela cerca
de mi casa... No voy mucho a mi tierra natal, me falta tiempo y
también mi propia familia ha crecido y tengo que atenderla. Los
viajes que hago allá son la ida por la vuelta.
El mejor recuerdo de entonces...
Yo pienso que la infancia es muy bonita, las amistades de uno
cuando es un niño son inmensas, y nunca olvido que
constantemente me iban a buscar a la casa para jugar.
¿Los equipos del barrio se disputaban por tenerte en sus
filas?
Sí (sonríe), porque en aquel tiempo yo tenía dos o tres
guantes,
pelota y un bate... Jugaba con los grandes y era un chico, y las
personas mayores iban a topar en el terreno y me metía. La
primera vez que jugué béisbol tendría unos siete años.
¿En esa época soñaste alguna vez llegar a ser una estrella
del béisbol?
No, sinceramente, no lo soñé nunca. Primeramente porque no
fue mi intención entonces dedicarme al béisbol, después sí me entregué por entero a
ese deporte. Anhelé llegar a la Serie Nacional, pensaba cómo podría lograrlo, porque
soñar no cuesta nada, y es un deseo que se
hizo realidad gracias a la escuela, que me dio la oportunidad de entrenarme diariamente.
LAS REDES DE LA
TIMIDEZ
Al hablar sobre su carácter Omar asegura que se considera
comunicativo pero aclara que no siempre tiene la oportunidad de conversar con todo el
mundo. ''Si ustedes le hacen esa pregunta a
otra persona les va a responder que soy algo inhibido, pero es que
no tengo tiempo para hablar con todos. Es decir, en la calle atiendo
a quienes se me acercan y converso un rato, pero no tanto como
ellos y yo quisiéramos. Soy sereno, tímido y comprendo que a
la gente que no me conoce le es difícil acercarse a mí''.
¿El mejor rasgo de tu carácter? La sinceridad. ¿ Y el
peor? El ser
muy callado me impide a veces llegar a los demas.
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|
¿Cómo son tus relaciones con Juan
Carlos? ''Muy buenas, nos respetamos y
queremos muchísimo, nunca nos hemos hablado siquiera en voz alta. Pienso que es una
relación muy bonita''
¿Tu mayor alegría? Tener a la familia unida. ¿La mayor
tristeza? Perder a mi padre.
Durante toda la conversación Omar
habló con admiración y amor de su
papá, Fidel Linares, fallecido, quien
fuera una destacada figura del béisbol cubano. |
LAS PREFERENCIAS DEL
PREFERIDO
Omar prefiere entre las comidas a las carnes y vegetales,
musicalmente hablando a la salsa, los libros policíacos, el
color azul, las películas de acción, como ciudad a La Habana y
para el recreo a las playas de Varadero y Cayo Coco. No fuma
y toma café aunque no asiduamente.
?Te gusta el ron? Bueno, me gusta compartir, y
las fiestas y el baile, cuando tengo tiempo.
Entre los peloteros cubanos dice que admira mucho a Luis
Giraldo Casanova, Rodolfo Puente, Agustín Marquetti, Pedro
Medina, Víctor Mesa, Antonio Pacheco, Orestes Kindelán y
Lourdes Gurriel
Definió a algunos de ellos y en el orden colectivo:
Pacheco: El tigre del terreno
Germán Mesa: Una persona admirable
Casanova: Un gran amigo
Mesa: Una explosión dentro del béisbol
Equipo de Pinar del Río: El conjunto de la esperanza en las
victorias que siempre ha de alcanzar en el futuro
El team Cuba: El equipo de los triunfos, de las batallas, de
la agresividad. Mis aspiraciones son llegar a los próximos Juegos Olímpicos de Atenas
2004 y reconquistar la tercera medalla de
oro en estas competiciones, que nos faltó en Sydney, pero tenemos cuatro años para
prepararnos intensamente y estamos seguros de
que lo lograremos.
Venciendo su timidez, este joven corpulento, a medida que
avanzaba la entrevista fue tornándose más comunicativo y su
hermosa sonrisa, que no siempre está a flor de labios, comenzó a aparecer con
frecuencia.
Entonces le pedimos que expresara lo que le sugerían las
siguientes palabras:
Cuba: Belleza Béisbol: Pasión
Pinar del Río: Alegría Prensa: Agobio
Amor: Hermosura Arbitro: Imparcialidad
Jonrón: Clásico
Modestia: Perdurabilidad
¿A quienes admiras más?
Lanzadores: Rogelio García, José Ariel Contreras y
Braudilio Vinent
Arbitros: Prefiero no responder
Bateador: Antonio Pacheco
Jugador de Cuadro: Germán Mesa
Jardines: Víctor Mesa
EL NIÑO OMAR
Omar integró las filas del equipo Cuba, por primera vez, a
los
17 años, en 1985, bajo la dirección de José Miguel Pineda.
¿Cómo asumiste esa responsabilidad?
''Ese año yo estaba propuesto para integrar el equipo Cuba
juvenil. En esos momentos entrenaban en la mañana los juveniles
y en la tarde los mayores. Pineda siempre quiso que yo entrenara
con el Cuba grande para poder llevarme a la Copa Intercontinental
de ese año. Finalmente se decidió que pasara al team Cuba
superior a tratar de cubrir un vacío que dejó Pedro José
Rodríguez. Fui prácticamente sin presión, de verdad. Los directivos fueron claros
conmigo, tenían confianza en mí, lo que hiciera estaba bien hecho. Yo jugaba
prácticamente desde 1982 en la serie nacional, tenía ya un aval de juego en esa liga.
¿Cuándo te convenciste de que llegarías a ser una estrella
del
béisbol?
Yo todavía no me he convencido, porque una estrella del
béisbol o
de cualquier otro deporte debe pensar en eso cuando termine su carrera deportiva, no en
activo, porque comienza a demeritarse él mismo.
| ¿Sobre la fama, qué puedes decir?
¿Te pesa? A mí nunca me ha gustado. Yo sé que el
precio de la fama se paga con creces. Es bonita, puede ser buena o mala, y más para
aquellas personas que se inician en un deporte y tienen posibilidades de llegar lejos y
entonces la fama los hecha a perder. En esto el mayor culpable es el atleta que se deja
llevar por ella... No es que la fama me pese, porque no la llevo encima, pero sí me
cuesta, en cuanto al tiempo, a mi vida personal, en el terreno... Cada día todo el mundo
espera que en mi turno al bate debe salir un jonrón, y entonces cuando no los das
empiezan a correr rumores, y eso te presiona mucho. Por otra parte me siento muy bien
cuando la gente en la calle me manifiesta cariño, siento alegría porque sé que el
pueblo me apoya. |
|
 |
En el extranjero me conocen mucho. He ido a
Japón, no a jugar
pelota, y me reconocen, es muy agradable. No tanto la prensa, que
me asedia y en ocasiones me molesta.
¿Qué tu sientes cuando el público te aclama? ¿Te has
acostumbrado?
Sí, estoy acostumbrado, pero sucede que a medida que
pasan los
años te aclaman más y más, y si el equipo en el que juego está
enrolado en finales de campeonato, el respaldo del público te llega,
se siente, y experimentas una gran responsabilidad en ese momento, piensas que hay que
llegar a primera, darle a la bola... es tal la
presión que si fallas, como me ha pasado, cargo con un sentimiento
de culpa.
¿Cuando compareces en home ¿que piensas?
Siempre estoy atento al pitcher, incluso antes de mi
turno, analizo la forma en que está lanzando para ir preparado a batear.
Si logras una joya defensiva...
Me siento muy contento. Es una reacción que
prácticamente está y no está en mí, porque se produce en fracciones de segundo.
Al batear un jonrón...
Me llega la satisfacción del pueblo que siempre lo espera.
Sin embargo cuando recorres las bases tras el batazo lo
haces con el rostro muy serio...
Es que no encuentro motivo para reír, porque al igual
que doy un jonrón me puedo ponchar dos veces también como ha sucedido- y
eso no da risa.
¿ Y si fallas con las bases llenas?
Imagínense... yo no quisiera ni volver a salir al terreno,
ni a jugar,
no es nada fácil.
¿Que es lo que más disfrutas del juego?
El bateo es lo que todo el mundo espera pero lo que yo más
disfruto es el corrido de las bases.
Te desempeñas en la tercera base, pero ¿cuál prefieres?
A inicios de Series nacionales jugaba el campo corto, y me
situaban en distintas posiciones sin una definición. Después de
1985 me quedé en tercera pero el campo corto era mi preferido.
Ya no puedo decir lo mismo porque han pasado muchos años y me he especializado en
tercera.
¿Nunca probaste a lanzar?
No, ni por curiosidad, porque no sería oficial y podría
lesionarme el brazo...
¿Te molesta que te sigan llamando el Niño Linares?
Ese sobrenombre surgió cuando me pasaron de juveniles
a mayores.
El bautizo se lo debo al narrador deportivo Bobby Salamanca. No me molesta en absoluto que
sigan llamándome así.
¿Y por qué el número 10 del uniforme?
''Yo empecé con el 26, después cogí el 21 y
posteriormente cuando
pasé al equipo Vegueros sobraba un número que era el 10 y me lo dieron. Cuando me
asignaron ese número no sabía que fuese tan famoso en relación con otros deportes. Mi
número es el 10 por pura casualidad.
La modestia y la seriedad acompañan a Linares quien
considera
una gran responsabilidad ser Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular
(Parlamento) por segunda ocasión y militar del
Partido Comunista de Cuba.
Al PCC ingresé hace pocos años, y anteriormente era
miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas. En el parlamento, en el primer
mandato, fue como sustituir a mi papá, aunque él era delegado.
Durante tu carrera has recibido numerosos reconocimientos,
¿cuál consideras el mayor premio?
Ser campeón olímpico en dos ocasiones, y por su gran
significado,
el tope con los Orioles en Baltimore que ganó Cuba. Fue un gran momento, y al regreso de
ese choque fuimos recibidos por el Comandante en Jefe Fidel Castro y leí un mensaje al
pueblo en
un acto masivo en la escalinata de la Universidad de La Habana. Además tuve que
improvisar al hablar y estaba nervioso.
Conocemos como el pueblo sigue tus pasos y hemos visto a
extranjeros pidiéndote consejos para los niños y jóvenes
¿Cómo te sientes sabiéndote ejemplo?
Muy contento, comprometido con todos y conmigo mismo en
primer lugar, porque la disciplina está implícita en cada cosa
que uno hace en la vida, diariamente. Ese ejemplo para trasmitir al pueblo sería algo muy
bonito para todo ciudadano que se dedique
por entero al deporte o al trabajo que realiza.
¿Te sientes reconocido y estimulado en Cuba?
Sí, plenamente.
Como deportista tu mejor momento...
Me sitúo en Cuba, primero que todo. En 1990 promedie 400
al
bate en las dos etapas nacionales y posteriormente en el Mundial de Canadá sobrepase los
500. Fue un año muy completo, de grandes resultados deportivos, independientemente de las
Olimpiadas de Atlanta en 1996 que terminé muy bien y en el último juego disparé
tres jonrones.
DESDE LOS 14 AÑOS
PRETENDEN COMPRARLO...
¿Es cierto que Omar Linares es el mejor pelotero del mundo?
El que lo dice es porque lo ve, pero yo no lo considero
así.
Protestas poco a los árbitros...
Nunca le había protestado a un árbitro, hasta el año
pasado,
cuando me irritó un juez que fue injusto conmigo, y de verdad
que lo fue. Yo diría que solamente me ha pasado tres veces, y
ha sido en el 2000. Me sucedió de todo en esa temporada: me
lesioné, lo cual es muy raro en mí, y caí en un slump. También
tuve problemas familiares... No he perdido los estribos en el terreno pero he llegado al
tope de resistencia, al límite...
¿Cuando tus compañeros se retiran te atormenta pensar
que llegará algún día para ti ese momento?
Sí, me atormenta. Pienso ¿cuándo me tocará a mí?.
Inclusive cuando Luis Giraldo Casanova se retiró le dije que el todavía podía jugar
varios años más... Son atletas que han jugado conmigo hasta un momento y se van, pero
uno sabe que tiene que seguir adelante. Del equipo de 1985 solamente quedamos Faustino
Corrales y yo.
¿Qué te reprochan los aficionados? Que falle.
¿Dentro del equipo Pinar del Río recibes tratamiento
preferencial?
No me siento diferente, porque significaría tener un
status por
encima de los demás. El director del equipo me trata igual que
al resto de los compañeros. Algunos atletas podrán pensar eso,
pero no es así.
Cuéntanos de las veces que han querido comprarte los
scouts para que pasaras al profesionalismo...
La primera ocasión yo tenía 14 años, cuando jugaba con los
juveniles, en Venezuela. Después casi todos los años en los que he viajado al exterior.
Me han ofrecido 20, 25, 30, 40 millones de dólares, ya ni sé.
¿Sabes qué podría comprarse con 40 millones, la vida
que se vive con esa fortuna?
No tengo idea y no me interesa, no me he puesto a pensar en
eso.
Soy fiel a mi país y a mi gente.
¿Cuál es tu opinión de los atletas que han desertado?
Ellos dieron ese paso para mejorar económicamente . Lo
decidieron
y eligieron esa vida. Ese es su problema. Pero lo que sí está
reconocido es que son lo que son porque Cuba los entrenó, los
guió en el deporte, y cualquier cosa que contradiga esto es
absurdo. Cuba los formó para que pudieran llegar a ser algo en
la vida, así que de lograr ellos algo deportivamente hablando,
el mérito es de la isla.
Omar nunca ha deseado dejar de ser pelotero, reconoce a su
padre Fidel Linares como su ejemplo de deportista; además del estadio Capitán San Luis
de Pinar del Río le gusta mucho el Latinoamericano de La Habana y el Guillermón Moncada
de Santiago de Cuba; nunca ha llevado sus propias estadísticas; siente nostalgia de su
familia cuando viaja dentro de la isla y al extranjero, es muy disciplinado y coincide con
las opiniones de que los peloteros juegan mucho y se agotan...
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Sobre los récords...
Me agrada alcanzar los récords impuestos por los demás,
primeramente, y después sobrepasarlos. He impuesto algunos,
más recientemente los 2000 hits, pero me gustaría llegar a los 400 jonrones y dejar
detrás a Pacheco en imparables...
Acerca del profesionalismo...
Es lamentable que el profesionalismo esté en cualquier
competición,
y a estas alturas lo considero inevitable. El equipo Cuba jugó con un equipo de Grandes
Ligas, los Orioles de Baltimore, con resultado de
un revés y un triunfo, y se demostró la calidad del béisbol cubano.
El reto de la inclusión de los profesionales lo aceptamos, y tenemos
que prepararnos más, el equipo debe participar en eventos fuertes y vencer en las
próximas Olimpiadas.
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El Niño es amoroso con su
familia. Considera que uno de los sacrificios mayores que le impone el béisbol es estar
alejado de sus hijas y su esposa Yanelis, quien cuenta que la pequeña Samantha adora a su
papá y quiere que esté siempre en casa. Si la
mamá la lleva al estadio la niña, a pesar de ser inquieta, se comporta bien, y cuando ve
a su papá por la televisión siempre dice que va a batear un jonrón... |
Y así, entre la modestia y la fama, la
inconformidad con sus resultados, la gloria y la ternura, transcurre el tiempo de este
joven pelotero, ídolo de multitudes.
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