Instalarán
gobierno interino en Afganistán
Islamabad, 21 dic: Casi tres semanas después de la firma
de un acuerdo presionado por la ONU y Estados Unidos, Afganistán tendrá una nueva
administración en Kabul, santificada por la comunidad internacional.
Ese convenio del cinco de diciembre en la Conferencia interafgana
del Hotel Petersberg, en la ciudad alemana de Bonn, posibilitó la instalación este
sábado de un gobierno por seis meses con un primer ministro, el líder pasthun Hamid
Karzai, cinco vice primeros ministros y 24 miembros del Gabinete.
En su composición figuran las diferentes etnias: 11 pasthunes, ocho
tayikos, cinco hazaras (chiitas afganos), tres uzbekos y tres miembros de otras minorías.
Sin embargo, los ministerios clave están en manos de las etnias que
componen la Alianza del Norte -tayikos, uzbekos y hazaras-, que en más de un mes con el
apoyo de Estados Unidos arrebató el territorio a los Talibán.
Ellas gobernarán, protegidas por cinco mil soldados de un Cuerpo de
Pacificación de la ONU, hasta la celebración de la gran Asamblea Tradicional Afgana
(Loya Jirga), que convocará una Comisión Especial de 21 miembros.
Según ese Tratado interafgano, el otrora rey Zahir Shah, exiliado
en Roma desde 1973, inaugurará la Loya Jirga, la cual nombrará un regimen de transición
por dos años "hasta la elección de un gobierno totalmente representativo en
elecciones libres y justas".
La última Loya Jirga se celebró en 1987 y nombró a la cabeza del
Estado a Mohammed Najibullah, que fue derrocado en 1992 por los mujaidines apoyados por
Estados Unidos, y asesinado en 1996 por los Talibán.
Otra Asamblea Tradicional Afgana deberá celebrarse dentro de
año y medio para adoptar una nueva Constitución del país e instaurar un Tribunal
Supremo.
En la ceremonia de investidura del 22, según el programa oficial
reseñado por la prensa pakistaní, Burhanuddin Rabbani, presidente saliente, traspasará
el poder a Hamid Karzai, en presencia de Lajdar Brahimi, representante especial de la ONU
para Afganistán, y enviados de varios países.
Unos
siete mil prisioneros Talibán y de Al Qaeda
Por lo menos siete mil combatientes de los Talibán y la
organización Al Qaeda de Osama Bin Laden se encuentran prisioneros en diversos lugares de
Afganistán, anunció en esta capital un portavoz de Estados Unidos.
Kenton Keith, vocero del Pentágono en Pakistán para la guerra de
Afganistán, precisó en nutrida rueda de prensa que es imposible hasta ahora determinar
cuántos detenidos son de una y otra organización.
Keith llegó a Islamabad desde Washington en noviembre último con
el objetivo de contrarrestar las informaciones suministradas diariamente a los periodistas
por el mullah Abdul Zaeef, único embajador de los Talibán en el exterior.
El gobierno pakistání facilitó la labor del enviado del
Pentágono cuando prohibió a Zaeef reunirse con la prensa, primero, y cerrar la misión
de los Talibán, después.
En sus declaraciones a la prensa, Keith aclaró, sin embargo,
"que en lo que se refiere a las cifras, la situación cambia casi cada hora. Pero
pienso que la estimación actual sobre el número de prisioneros detenidos en Afganistán
es del orden de siete mil7".
El portavoz señaló que en estos momentos se está investigando
"quiénes llegaron más tarde a uno de los dos grupos, quiénes eran simpatizantes o
fanáticos y quiénes se mancharon las manos de sangre".
En los interrogatorios en la ciudad afgana de Kandahar participan
equipos especiales del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI).
Retira
India embajador de Pakistán
La tensión se incrementó nuevamente en el subcontinente cuando, en
un movimiento imprevisto, la India retiró a su embajador de Islamabad y paralizará los
servicios de enlaces de ómnibus y ferrocarril con Pakistán, a partir del primero de
enero próximo.
En nutrida rueda de prensa, la portavoz de la cancillería, Nirupama
Rao, precisó que se retiraba al embajador Vijay Nambiar desde Islamabad en vista de
"la completa falta de interés (de Pakistán) en la India y de su continua promoción
del terrorismo transfronterizo contra la India".
Rao anunció también el término a partir del primer día del año
2002, de los enlaces de ferrocarril entre Lahore y Amritsar y del servicio de autobús
entre Lahore y Nueva Delhi, inaugurado en marzo de 1999, utilizados por miles de indios y
pakistaníes que no pueden pagar las tarifas aéreas.
Esa decisión ocurre en medio de la creciente tensión entre los dos
vecinos después del ataque terrorista del 13 de diciembre contra el Parlamento de la
India, que atribuyó al grupo Jaish-e- Mohammed con la participación de otra
organización islámica, Lashkar-e-Taiba, basadas en Pakistán.
Un día después del ataque suicida en Nueva Delhi que dejó 13
muertos, entre asaltantes y policías, el secretario indio del Exterior, Chokila Iyer,
pidió a Qazi Ashraf Jehangir, embajador de Pakistán en esta capital, el arresto de los
líderes de los dos grupos, declarar su prohibición y congelar sus cuentas.
También Nueva Delhi descartó una reunión propuesta entre el
primer ministro, Atal Behari Vajpayee, y el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, en
ocasión de la prevista cumbre de la Asociación para Cooperación Regional de Asia del
Sur (SAARC) en Katmandú, Nepal, del cuatro al seis de enero.
Esta semana Vajpaye manifestó a ambas Cámaras del Parlamento que
su gobierno haría esfuerzos para evitar una guerra con Pakistán, aunque
mantendría abiertas todas las opciones en la lucha contra el terrorismo.
Además descartó una investigación conjunta con Islamabad sobre el
atentado al Parlamento porque los terroristas involucrados en el ataque tienen vínculos
con el Servicio Interarmas de Inteligencia (ISI) de Pakistán.
En este contexto, Pakistán expresó su disposición a realizar una
investigación conjunta con la India sobre el ataque terrorista contra el Parlamento y
solicitó a Nueva Delhi que proporcione evidencia creíble sobre la participación de
grupos terroristas que operan desde su territorio.
Se
deja arrastrar opinión norteamericana por vientos de guerra
Los esfuerzos de la Casa Blanca por arrastrar a los norteamericanos
a la globalización de la guerra fueron recompensados con la aceptación popular de
apuntar hacia otros países los cañones que aún bombardean Afganistán comenta la
agencia noticiosa Prensa Latina.
Dice que según una encuesta divulgada por el diario The Washington
Post, los discursos probelicistas del presidente George W. Bush y sus pretensiones de
internacionalizar su campaña presuntamente antiterrorista tuvieron el efecto deseado en
gran parte del pueblo.
Influenciada por reclamos patrióticos que hacen aparecer a Estados
Unidos como la única potencia llamada a extinguir la violencia y que para muchos expertos
es consecuencia de los primeros ataques terroristas masivos contra la nación, la opinión
publica nacional apoya los planes del gabinete de Bush de agredir a otros países.
El gobierno norteamericano, de acuerdo con los resultados del sondeo
del Post y de la cadena de televisión ABC, logró, por ejemplo, agenciarse el respaldo
popular para su planeada agresión contra Iraq.
Como parte de las acciones para derrocar al mandatario Saddam
Hussein, la nación del Golfo Arábigo Pérsico sobrevive desde 1991 a un bloqueo impuesto
por la ONU, a instancias de Washington, que ya la había atacado ese año bajo el pretexto
de la presencia iraquí en Kuwait.
Privada de fuentes alternativas, tendencia ahora agudizada con la
obediencia de los principales medios de comunicación a la censura de la Casa Blanca a
voces que difieran de su estrategia belicista, la comunidad norteamericana acepta los
modos de Bush, quien también amenaza a Somalia, Sudán y Yemén.
En contradicción con las amenazas de guerra lanzadas a Iraq sólo
tres días después de iniciados los bombardeos contra Afganistán, el pasado siete de
octubre, el Secretario de Estado Colin Powell alertó a la ciudadanía de que una
agresión a la nación árabe podría no tener los mismos resultados que en el país de
Asia Central.
Powell confesó a la publicación que un ataque contra Iraq no
resultaría tan fácil porque su ejercito es mucho más fuerte que los pobremente
equipados Talibán.
Washington acusa a la nación del Golfo Pérsico de haber tenido
participación en los atentados del 11 de septiembre pasado, pese al rechazo del gobierno
de Bagdad que considera las imputaciones estadounidenses una nueva justificación para
agredir el país. |