De mafioso a mafiosoPor
Néstor Núñez
Servicio Especial de la AIN
Todo está claro. Si alguien tuvo dudas o creyó las
historias de que la justicia al fin ganaría el duelo, el telón cerró cualquier
expectativa. Entre mafiosos las cosas son así cuando ambos pueden ponerse en peligro
mutuo. Un "sano acuerdo", y al diablo los escrúpulos.
Por eso un asesino de semejante expediente como Luis Posada Carriles
está hoy libre en Miami luego de una prolongada farsa que incluyó el papel de
"bobo" del gobierno norteamericano ante su irrupción nada clandestina en los
Estados Unidos, la prisión forzada sin acusación formal de terrorismo, el silencio ante
las demandas de extradición de Venezuela, y la comparsa de un juicio por mentiroso que
finalmente resultó desestimado por una jueza negada al juego oficial.
No es de dudar que mucho se negoció tras bambalinas, y que hubo
hasta sus posibles encontronazos, como el documento de la Fiscalía que pedía a los
tribunales no abordar la prolongada permanencia de Posada Carriles en la CIA, y la
respuesta del asesino de que hablar públicamente de sus "servicios a los Estados
Unidos" resultaba una garantía para lograr refugio en la gran potencia.
Al final el arreglo llegó, y el Washington oficial omitió
deliberadamente hablar claro sobre el personaje en cuestión, simplemente porque
equivaldría al desprestigio público del clan Bush, ligado históricamente a las peores
causas universales, y muy presente en las agresiones contra Cuba a lo largo de todos estos
decenios.
Razones para condenar a Posada Carriles sobran a montones y la Casa
Blanca las conoce y hace todos los esfuerzos por pasarlas por alto o esconderlas del
juicio público.
Y como el mal está hecho, y resulta evidente que la Oficina Oval no
tiene entre sus planes colocar nuevos obstáculos para afectar la libertad del asesino, no
puede ser más justa y clara la afirmación hecha por el gobierno de Cuba en una reciente
declaración oficial sobre el tema.
El gobierno de los Estados Unidos será en lo adelante el máximo
responsable de cuanto pueda derivarse de poner en la calle al terrorista más contumaz y
brutal del hemisferio, amén de vestir el deplorable traje de violador de todos los
compromisos internacionales contra el terrorismo y de su propia tragicomedia desatada
luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001.
Como en las viejas películas policiales, los criminales arropados
por los grandes intereses vuelven a las andanzas. Posada Carriles es casi seguro que
continuará gozando de la impunidad, el respaldo y los buenos ojos que desde la década de
los 90 los Bush otorgaron a otro enemigo público regional, el también verdugo confeso
Orlando Bosch. |